Estaba pasando de nuevo. No sabía cómo pero, aún sumido en la más absoluta oscuridad, empezaba a notar algo otra vez. Y siempre después de ese extraño calambre. Extraño sí, porque era consciente de cuándo terminaba pero no de cuándo empezaba. No lo entendía.

 

Después otra vez nada, ni oscuridad. Simplemente nada.

 

De nuevo la electricidad dejaba de recorrer su cuerpo. Escuchaba ruidos confusos, ecos apagados en la lejanía. La oscuridad seguía rodeando su existencia, pero cada vez percibía cosas nuevas. Sonidos. Algo parecido a un olor… a quemado (¿era pollo? ¿pollo frito?). Dolor, en cada ocasión tenia un nuevo dolor, pero no recordaba haberse herido en ningún momento.

 

Negro… Todo negro de nuevo y… nada.  Otra vez dejaba de ser.

 

Esta vez notaba más electricidad atravesando su cuerpo. Más electricidad, o más tiempo, no estaba seguro. Se iban sumando sensaciones: sonidos un poco más cercanos y claros, más olor, más dolor y en más sitios… y una especie de presión constante en la espalda y la parte posterior de la cabeza. Se concentraba para notar un poco más. Dolor en glúteos y talones.

 

Espera ¡Tumbado! ¡Estaba tumbado! Sentía el peso de su cuerpo, el frío del suelo y… nada. Otra vez nada.

La próxima vez será difer…

 

¡Electricidad! ¡Ahora se concentraba al máximo para saber qué estaba pasando! Ahí está, la electricidad se va. Termina de recorrer todas las células de sus extremidades y desaparece con pequeños chisporroteos por sus dedos. Los sonidos. Escucha gente a su alrededor, respiran, pero no hablan, tocan cosas, producen sonidos metálicos. Chisporroteos eléctricos de nuevo. Olor. Otra vez ese olor a quemado. ¿Es pollo frito? Le provoca hambre, pero no termina de reconocerlo. Dolor. No, dolores. La espalda le está matando, igual que los glúteos. Todas las articulaciones le duelen. Y la cabeza, la cabeza le estalla con cada latido de su corazón. Su corazón. Era la primera vez que reparaba en sus latidos. Cada bum bum le generaba más dolor, nuevas sensaciones. Intentaba abrir los ojos para saber dónde estaba, pero no podía.

Entonces abrió la boca. No había pensado en hablar y podría resultar. Pero no quería hablar, quería gritar, sacar el dolor de su interior, el miedo que sentía, la desesperación y el terror de volver a caer en esa oscuridad que todo envolvía y a todo hacía desaparecer. Intentó hablar, preguntar, gritar. El aire empezaba a salir por su garganta, pero no acertaba a emitir ningún sonido. Entonces ocurrió. Escuchó un pequeño gemido. Era suyo, volvió a intentarlo, un poco más alto. Pero todo lo que se oyó fue un gran grito que no debía de ser suyo.

 

¡ESTÁ VIVO! ¡VIVE!

 

Consiguió abrir un ojo y salir de la oscuridad, pero no podría moverse hasta pasado un rato. Mientras se quedó escuchando el alboroto a su alrededor. Sólo consiguió quedarse con un nombre. Frankenstein. Doctor Frankenstein.

 

 

 


 

Esta entrada participa en el blog de narrativa científica Café Hypatia con el tema #PVelectricidad

 

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