No podía ser ¿Le había engañado?

Llevaba toda la noche sentado en ese coche mugriento, acumulando envases de comida basura, fumando y respirando ese humo que se depositaba en su maltrecha ropa.
Le había dicho que vigilara su casa, que estaba a punto de suceder algo.
Tenía la camisa y los pantalones completamente empapados y pegados a su sudorosa piel. Estaba pringoso y no paraba de sudar, la temperatura en el interior del coche no había dejado de subir en las últimas horas.
No bajaba las ventanillas por miedo a ser descubierto, la misma razón por la que no podía mover el vehículo de sitio. Y el sol estaba a punto de alcanzar su zenit, dejando el coche sin sombra y a merced de la insistente radiación infrarroja, que seguiría calentándolo más y más. Minuto a minuto. Gota de sudor tras gota de sudor.
Allí no pasaba nada, nadie hacía nada. No había movimiento alguno.

¿Le habría engañado?

No podía ser. Le dijo que tenía que ver con las pistas que le dio hace 25 años. Pero fue un caso difícil de resolver, de hecho no lo resolvió. Se quedó archivado por varios motivos: la ley era laxa en ese momento, no veían un claro delito, había pocas pruebas y, por si fuera poco, algunos expertos contradecían a la mayoría, generando una duda ¿razonable? Eso decidieron en su momento.
Es verdad que durante estos 25 años se había descubierto que esos expertos mintieron y que, finalmente, había unanimidad en los estudios, se había producido el daño, se sabía cómo y por qué. Se sabía cómo pararlo, cómo solucionarlo, cómo revertir el daño y hacer justicia con las víctimas. Sobre todo para que la cosa no fuera a peor.
Pero no se avanzó. La desidia de los responsables hizo que los nuevos agentes enseguida perdieran también las ganas y el interés por el caso. Continuó años guardado en un cajón. De vez en cuando lo desempolvaban, lo leían, escribían un par de párrafos, se cansaban o recibían órdenes de dejarlo y se volvía a guardar.


Ya no soportaba el calor, se estaba deshidratando. El sol había descendido, pero lo tenía en frente. Empezaba a ver borroso, las gotas de sudor salado y ácido bajaban por su frente y se le metían en los ojos. Daba igual si le descubrían, tenía que abrir la ventanilla. Aunque fuera un poco, a cada a lado, para que corriese el aire.
¡No funcionaban! Se había quedado sin batería. Pues la solución estaba en abrir la puerta.
Pero no. Le descubrirían seguro. No podía echar a perder todo ese tiempo de vigilancia infructuosa, seguro que estaba a punto de suceder algo.
¡A la mierda! ¡Tenía que abrir la puerta! Ya no veía nada, sus ojos estaban empapados en sudor y le escocían, le costaba respirar, el aire estaba viciado, lleno de humo y demasiado caliente. Notaba que la tensión le bajaba, se estaba mareando. ¡Tenía que salir de ahí!

¡La puerta no abre! ¿Qué pasa? Está como soldada ¿se habrá hinchado con el calor? ¡Qué más da! ¡No abre!

Entoces vio una sombra al otro lado del cristal. Creyó reconocerlo. Era la persona que le había dado las pistas hace 25 años, la misma que le había animado a no abandonar el caso, a seguir investigando.
Le miraba con una mezcla de pena y odio. Sentía su desprecio y, a la vez, ternura en sus ojos.
Empezó a golpear la ventanilla para pedir ayuda y que le abriera, pero era demasiado tarde.
Cerró los ojos dispuesto a morir y las imágenes, las palabras, las pruebas del caso se le agolparon en la mente. Era como si el coche fuese su casa, su mundo ¡El planeta! Se estaba contaminando, calentando, llenando de residuos. Y llevaba más de 25 años sabiendo que la cosa iría a peor. Pero no hizo nada, se escondía tras las mentiras de otros expertos y la duda, tras la comodidad, tras la desidia y el dinero recibido. Y no hizo nada. Ya era demasiado tarde. ¿Y si era una pesadilla?

¡Seguro que sí! Ahora despertaría del sueño y estaría en su cama. Lo primero que haría sería dejar el coche y comprar una bici, no comprar tantos productos de usar y tirar, ahorrar agua y luz...

Alertar los demás...

¡Lo haría en cuanto abriera los ojos!


Pero ya no los abrió.
 
 

 
Esta entrada participa en el blog de narrativa científica Café Hypatia con el tema #PVclima.

 

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