Para comprender bien el relato, tengo que adelantar la definición del “Giróforo”: El prefijo “Giro-“ se define como la acción y resultado de girar o girarse, procede del latín “gyrus” y a su vez del griego “γυρος” (gyros). El sufijo “-foro” indica "que lleva, que contiene o que produce". Etimológicamente procede del griego "φερεις" (fereis) que significa "llevar". Un giróforo es una máquina con Inteligencia Artificial que produce giros en un sentido u otro para estabilizar la conducción de una vehículo. Gracias a la IA “aprende” nuevos escenarios de conducción y se adapta a los gustos del conductor. De esta manera, si al conductor le gusta derrapar en las curvas cerradas, el giróforo lo aprende y no corrige dicho comportamiento a no ser que se salga de los parámetros memorizados.
 
En biología, un “Giróforo” es un insecto neóptero, de la familia de los fásmidos (bichos palo u hoja) cuya evolución no solo le ha llevado a un camuflaje adaptativo (cripsis) asombroso, como el de otros fásmidos, sino que, cuando se ve amenazado, es capaz de hacer girar sus tegminas (una especie de élitros rígidos que forman la hoja con la que se camufla) como si de un helicóptero se tratase, para escapar de sus depredadores.
 
 
 
 
Darwin y el giróforo
 
Únicamente por unos pocos estudiosos, de sus más inconfesables secretos, es sabida la fijación de Charles Darwin por Leonardo da Vinci, su vida y sus inventos. Pocos son los documentos que lo demuestran, pero cuando no estaba recogiendo nuevos insectos, dibujando en su cuaderno o describiendo los diferentes organismos que encontraba en sus viajes, se dice que se encerraba en su camarote para revisar los escritos que poseía del genial inventor renacentista.
 
Cuentan los expertos que, en su estancia en las Islas Galápagos, dedicó páginas y páginas a escribir sobre un insecto que allí había encontrado. Se trataba de una especie Mata caballo o Mariapalito, un insecto hoja posiblemente originario de Colombia y que había llegado a las islas desde el continente, probablemente hacía siglos.
 
Los fásmidos tienen alas, pero no son funcionales y no vuelan, así que Darwin no se explicaba cómo había podido llegar dicho insecto hasta las islas. Fantaseaba con la idea de que alguno de los pinzones primigenios hubiese llegado a Galápagos con uno de ellos en su pico, pero lo encontraba poco probable. Y la larga distancia desde el continente hacía prácticamente imposible la supervivencia de los insectos en un trayecto en alguna rama caída al mar y transportada por las corrientes.
 
Dice la historia que su fijación y secretismo sobre el insecto era tal, que ni sus ayudantes encontraban explicación a su comportamiento y les provocaba desazón y curiosidad a partes iguales. Fue Peter, el más pequeño de sus ayudantes, el que en un despiste del científico inglés, aprovechó para colarse en su camarote. Haciendo uso de su pequeño tamaño y utilizando el afecto que Darwin le tenía, entró en su camarote para despedirse y, en un descuido, se escondió bajo el escritorio principal. Como sabía que sus salidas a tierra duraban varias horas, tendría tiempo suficiente para investigar, contar a sus compañeros lo que había averiguado y, quién sabe, a lo mejor ganarse su respeto y que dejaran de tratarle como un ayudante inferior. Al haber estado varias veces en su camarote, sabía que no se debía entretener en el escritorio, donde dejaba decenas de papeles sin ocultar, sino que debía ir directamente a los armarios cerrados con llave. Después de un rato encontró lo que buscaba: Un cajón con manuscritos y dibujos a carboncillo de un extraño insecto. Gracias al tiempo que llevaba como ayudante, sabía que se trataba de una especie de insecto hoja, pero algunos dibujos mostraban unas formas y un dinamismo que le resultaba poco común en los fásmidos. Rebuscando entre los documentos comenzó a ver papeles extraños con dibujos de anatomía, naturaleza e ingenios que nunca habría imaginado. Se trataba de los escritos sobre Leonardo da Vinci que Darwin pasaba tanto tiempo revisando, leyendo y releyendo. Entonces llegó a una lámina con un dibujo que le resultaba familiar, se trataba de un curioso invento, aparentemente para surcar los cielos, llamado “El Tornillo Aéreo”. Pero no le extrañaba que sirviese para volar, sino que su forma era muy parecida a los dibujos que su maestro Darwin había realizado sobre los insectos hoja.
 
Peter había descubierto el porqué de la fijación de Darwin por el insecto, parecía un invento de Leonardo da Vinci en vida. El naturalista pasó mucho tiempo describiéndolo, dibujándolo y estudiándolo, hasta que se sintió preparado para presentarlo a sus compañeros de la Royal Society. Pero tardó mucho más hasta que consiguió averiguar cómo había llegado ese insecto desde Colombia hasta las Islas Galápagos.
 
Con el tiempo Darwin describió que dicho fásmido tenía la capacidad de desplegar una especie de alas rígidas (llamadas tegminas) cuando se veía amenazado y su camuflaje ya no le servía para pasar desapercibido a sus depredadores. Éstas eran capaces de rotar, generando una diferencia de presión suficiente con el aire circulante para que el insecto levantase el vuelo y aprovechase los vientos para escapar. Así es como Darwin pensó que un familiar mutado del insecto había conseguido llegar desde su origen, Colombia, hasta las Islas Galápagos, “volando” y trasladado por los vientos.
 
En honor a da Vinci y a su “Tornillo Aéreo”, Darwin decidió bautizarlo con el nombre de “Giróforo”, por su similitud con el invento y por la capacidad de giro que dichas tegminas tenían.
 
 

 

Nota del autor: Tanto la definición, como esta historia, son invenciones y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
 
 

Blog de Marcos Ruisaba

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