Este parece un buen sitio para descansar y depositar los huevos. El pez Nelson (por ponerle un nombre al azar) había encontrado la mejor zona para su futura prole. Con agua limpia y renovada, tenía una ligera y constante corriente que traía alimentos y mantenía una temperatura bastante estable.

Estaba súper orgulloso de su playa. Era casi privada, por allí no pasaba casi nadie.

¡Eres una Ruiz Oria! Ekaitza, tus apellidos siempre han estado vinculados a la iluminación de occidente. No puedes estar pensando en un cambio tan radical.

Mi familia es así, vascos internacionales, de salud férrea y resistentes al cambio. Cada vez que comento la idea de cambiar el sistema eléctrico de mi casa, alguien nombra la historia de nuestra familia y, sobre todo, a nuestro antecesor Martitz. Martitz Ruiz Oria, que participó en la caza de la última ballena para el uso de su aceite en iluminación.

 

Estaba pasando de nuevo. No sabía cómo pero, aún sumido en la más absoluta oscuridad, empezaba a notar algo otra vez. Y siempre después de ese extraño calambre. Extraño sí, porque era consciente de cuándo terminaba pero no de cuándo empezaba. No lo entendía.

 

¡Muchísimas gracias!

Otra vez tengo que agradecer a todas las personas que han participado y han movido la encuesta que realicé la semana pasada. Les explico el porqué de esta encuesta.
Si hay alguien que me lee alguna vez, ya sabrá que estoy bastante preocupado con el uso del lenguaje en los temas que tienen que ver con el calentamiento global y el cambio climático (también con la manía de decir reciclar en vez de separar).
No podía ser ¿Le había engañado?

Llevaba toda la noche sentado en ese coche mugriento, acumulando envases de comida basura, fumando y respirando ese humo que se depositaba en su maltrecha ropa.
Le había dicho que vigilara su casa, que estaba a punto de suceder algo.
Tenía la camisa y los pantalones completamente empapados y pegados a su sudorosa piel. Estaba pringoso y no paraba de sudar, la temperatura en el interior del coche no había dejado de subir en las últimas horas.
No bajaba las ventanillas por miedo a ser descubierto, la misma razón por la que no podía mover el vehículo de sitio. Y el sol estaba a punto de alcanzar su zenit, dejando el coche sin sombra y a merced de la insistente radiación infrarroja, que seguiría calentándolo más y más. Minuto a minuto. Gota de sudor tras gota de sudor.

Blog de Marcos Ruisaba

Sobre mí

Scroll to top

We use cookies to improve our website and your experience when using it. Cookies used for the essential operation of this site have already been set. To find out more about the cookies we use and how to delete them, see our privacy policy.

  I accept cookies from this site.
EU Cookie Directive Module Information